La ciudad de Palermo (del griego Pan–Ormos, “todo puerto”), la más importante de la región siciliana, es considerada el punto central, cultural y económico, entre el mar Mediterráneo y Europa. Por esta razón, en el pasado ha sido tierra de conquista para los sicanos, cretenses, elimi [pueblo muy antiguo que se asentó en la zona occidental de Sicilia], griegos, fenicios, romanos, bizantinos, árabes, normandos y suevos, para los Anjou, los aragoneses, los españoles y los austríacos. Todos estos pueblos han dejado monumentos y vestigios extraordinarios. El núcleo originario de la ciudad fue fundado entre los cursos de agua del Kemonia y del Papireto. En el s. IX d.C., con los árabes, la ciudad que fuera definida como “paraíso de la tierra” alcanzó gran esplendor. El Castillo de la Zisa, el Castillo de Maredolce y el Parque de la Favorita son testimonios de esta época. Durante el período normando y suevo tuvo lugar un gran desarrollo económico y cultural. Bajo la dominación de los aragoneses se efectuaron grandes cambios en la ciudad. Entre fines del ‘700 e inicios del ‘800, Palermo fue la ciudad de los cien pueblos en la que crecían las aldeas, expresiones de una economía territorial en estrecha relación con la ciudad. Hoy el centro histórico de Palermo se divide en cuatro distritos (Loggia-Castellammare, Tribunali-Kalsa, Palazzo Reale y Monte di Pietà-Capo) vinculados a las dos arterias históricas de la ciudad: el Cassaro y vía Maqueda, calle perpendicular a la primera que, al cruzarse con ésta, crea la plaza Quattro Canti [Cuatro Esquinas].
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